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Pedro Aznar en el Teatro Provincial | Fina estampa

En un show de dos horas y con una veintena de canciones, el músico presentó su último disco y clásicos de su repertorio.

Mayo de 2022, primer show grande sin barbijos obligatorios en el Teatro Provincial. Tres años después de su última presentación en Salta, Pedro Aznar volvió con nuevo disco, titulado Flor y raíz, donde visita el repertorio de clásicos del folclore latinoamericano de siete países.

El recital arrancó 45 minutos después de lo previsto, aparentemente por problemas asociados al transporte de los equipos. Luego de la segunda canción, Aznar agradeció la paciencia, contó un poco la situación vivida y asunto cerrado, a la música. El arranque vino de la mano de “Tu amor” y “Mientes”, dos clásicos del disco Tango 4, que supo editar allá por 1991 junto a Charly García. Golazos, fuerte y al ángulo. El público, en llamas, se cantó todo. Incluso, el cierre de la segunda vino con un solo de bajo larguísimo, en plan anticomercial, que fue vivado por la gente.

Después vino un bloque donde presentó cinco canciones del último material: así pasaron “Cardo o ceniza”, “Perfume de carnaval”, “La llorona”, “El violín de Becho” y “El Cosechero”. Vamos a rescatar una dimensión pedagógica en la introducción a esta parte del show: Aznar caracterizó al folclore latinoamericano como heredero de la música de tres continentes, América, Europa y África; y desde ese lugar, uno puede celebrar la curaduría realizada en el repertorio.

Luego de este momento, fue intercalando otras canciones de Flor y raíz con clásicos de su setlist. Así pasaron “Rencor” y “Par”, del disco Ahora (2012), la versión castellana del clásico de Elton John “Ya no hay forma de pedir perdón”, una revisión de “A primera vista” (de Chico César, en piano y guitarra, mucho más jazzera que la que conocemos), junto a “Nocturno suburbano” y “Quebrado”, del disco homónimo de 2008.

Como anticipó a Rock Salta, hubo lugar para dos temas nuevos que, según contó, comienza a grabar este domingo. Uno titulado “Mientras”, composición pensada en función de la mandolina, y otro titulado “Corpoland”, un manifiesto político referente al poder que ejercen las corporaciones en el mundo actual. Si bien no nos sorprende algo así en alguien que integró Serú Giran, podría pensarse que el músculo político de Aznar venía falto de ejercicio. No sólo fue esa canción, la presentación de la misma fue una bajada de línea de esas que, al menos personalmente, celebro en los artistas.

Foto: Max Hanne

El repertorio local estuvo presente con dos “Cartas de amor que se queman” y “Zamba del carnaval”, ambas en música del Cuchi Leguizamón, quien también es autor de la letra de la segunda, mientras que la letra de la primera es de Manuel Castilla.

Aznar nos mostró la ductilidad que tiene con las guitarras, los bajos, el piano, ¡la mandolina!… junto a una versatilidad ya conocida para pasar de un género a otro. Habló poco, pero cuando tomó la palabra tuvo una función casi docente: así, antes de tocarla, nos contó de qué hablaba “Construcción”, la canción de Chico Buarque, y se refirió a las “permutas” y el estilo surrealista de la letra. Ejercicio super interesante: después de leer esta nota, lean la letra y vean como lo que se escribe en la primera estrofa va tomando otro lugar en las siguientes.

Luego del cierre formal vinieron dos bises: “A cada hombre, cada mujer”, de Serú ’92, y luego “Tan alta que está la luna”, en caja bagualera, invitando a cantar al público.

En balance, fue un show donde presentó nueve de las once canciones de su último disco, un par de clásicos de otros autores que son históricos en su repertorio, dos de Tango 4, una de Serú, una extra del Cuchi y el resto canciones propias, sin que extrañemos otras tantas que supimos cantar en sus visitas a Salta.

La convocatoria de Aznar sigue intacta y siempre hay tal heterogeneidad en el público que, en una primera mirada prejuiciosa, uno tiende a pensar que varixs de quienes hoy aplauden, quizá hayan tenido otra actitud para lo que Aznar representaba cuarenta años atrás. Por otro lado, la solemnidad del mismo: siempre respetuoso, aplaudiendo cada intervención de Aznar y cada canción, pero sin cantar, salvo en el arranque y en la baguala del final. Y eso que sonaron varias de esas que conocemos todxs.

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