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Las Pelotas y su nuevo disco | “Fue un gran alivio volver a estar conectados”

Gabriela Martínez, bajista de la banda, nos cuenta cómo hizo la banda para trabajar en pandemia y a la distancia.

Versiones desde casa es el nuevo disco de Las Pelotas. El álbum fue grabado a la distancia, en plena pandemia, con cada uno de los integrantes del grupo lejos del otro, apenas conectados por internet, primero, y por la música, finalmente.

El disco tiene ocho canciones, casi todas de la última etapa del grupo. Son reversiones de la trilogía que conforman Despierta, Cerca de las nubes y Brindando por nada. Quedó afuera Es así, el álbum publicado el año pasado, justo antes del comienzo de las restricciones. La razón es simple: antes de reversionarlo hay que tocarlo en vivo.

Si la pandemia fue inoportuna para toda la sociedad, para Las Pelotas significó un obstáculo frustrante que impidió un gran show previsto en el Hipódromo de Palermo, en Buenos Aires, y una posterior gira por España.

Ya en medio del encierro pandémico, a los integrantes del grupo no les quedó otra que empezar a buscar una alternativa para saciar sus eternas ganas de tocar. Con algunos integrantes en Córdoba y otros en Buenos Aires, empezaron a intercambiar archivos de audio con ideas que avanzaron con el aporte de todos. Así nació este disco que suena con la intimidad que sugiere su nombre.

Desde Córdoba, mientras espera un presente menos incierto, Gabriela Martínez, bajista del grupo, habló con Rock Salta sobre el disco y sus circunstancias.

– ¿Versiones desde casa sirve como un consuelo ante las suspensiones de los shows en el hipódromo y en España?
– Cuando empezó la pandemia teníamos el disco recién salido. Había salido el 6 de marzo. Teníamos el show del hipódromo, gira por Europa, veníamos muy embalados y de repente quedamos frenados en seco. Y surgió esto de empezar a hacer versiones para colgar en las redes. Pusimos “Nunca te jugaste”, que salió acompañada por un video. Hicimos otra y cuando tuvimos cuatro o cinco versiones dijimos “esto puede tener forma de un disco”. Para mí fue un momento difícil cuando estaba todo tan cerrado y no teníamos perspectivas. Nos pusimos a hacer esas versiones y fue un gran alivio volver a estar conectados aunque sea a la distancia. En este formato tan raro, que uno lo subía, lo ponía en un Drive, el otro lo bajaba, a eso le sumaba un instrumento o lo que se le ocurría y lo volvía a subir para que los otros lo bajen. Fue una tarea marcada por la no presencialidad pero a la vez es lo que hacemos siempre. Esto de ir tirando ideas hasta que una canción toma forma. Así que yo lo llamo más bien como un proceso terapéutico, porque fue algo muy lindo de compartir. Creo que en el resultado se ve el trabajo grupal.

– ¿Cuántos meses abarcó ese proceso?
– Arrancamos en abril del año pasado. Hicimos una versión de “Hasta que el sol” que no está en el disco. Yo no estaba ni en mi casa. Grabé con lo que pude esa versión. Pero ya después pude llegar a mi casa y ahí tenía una placa de audio más decente, tenía mi bajo. Así que me parece que el primero fue una prueba de que podíamos hacer una versión así, cada uno sumando una pista y subiéndola a un archivo compartido. Eso nos dio el puntapié para las otras. Y las versiones las habremos terminado para enero, febrero. Fue todo el año. Fuimos subiendo las versiones a las redes, hicimos videos, que también fue un proceso lindo porque no había alguien que te filme. Esto era cada uno con su celular, guiados un poco. El primero fue en el formato que hacían todos, de partir la pantalla en seis, pero a partir del segundo empezamos a buscarle una vuelta artística. El chico que nos hace las visuales es Juan Daffunchio, uno de los hijos de Germán, y nos decía “a ver fílmense de frente, que no se les vean los pies”. Entonces así nos metió a todos adentro de una casa. Y el tercero, también guiado por él, lo hicimos con una sábana blanca atrás, sin arrugas. Nos metió en un área que no era la nuestra. “Pongan el celular a tal distancia, a esa altura”. Y después dibujó un fuego, entonces virtualmente estábamos unidos ahí, todos como alrededor de un fuego. Pero estábamos cada uno en su casa (risas).

– ¿Pero no están acostumbrados a trabajar a la distancia, dado que no viven en las mismas ciudades?
– Claro, pero la diferencia es que cuando laburamos nos juntamos. Si hay que hacer un disco estamos todos acá o en Buenos Aires. Para el momento del trabajo sí nos juntábamos. Después nuestra vida personal se ponía en otro lado. De hecho no podíamos tocar todos a la vez porque no estábamos físicamente en la misma ciudad. Ni siquiera podíamos decir nos juntamos un rato a tocar.

– Salvo “Bombachitas rosas”, las canciones del nuevo disco son todas de la última etapa, a pesar de que la banda tiene temas viejos que podrían haber encajado en este formato.
– La idea principalmente era reversionarlas, que no fueran las mismas versiones. Por eso hay varias que son muy distintas o están planteadas distinto. Lo único que teníamos claro era que no queríamos poner temas del último disco, por eso también “Hasta que el sol” no entró. Porque no lo llegamos ni a presentar. Todavía no pudimos presentar la versión original, no íbamos a estar reversionándolo. Entonces el planteo fue “busquemos otros”. Intentamos sobre un montón de canciones y quedaron las que más nos gustaron o las que logramos que fueran diferentes. Hacer lo mismo nada más que más chiquito no tenía sentido. Hay muchos temas que yo los llamaría lados B, menos escuchados. Creo que la búsqueda fue por ahí. Nosotros tenemos tantas canciones que dentro de los discos han pasado desapercibidas y que son muy bellas. “Nunca te jugaste”, “Nada es real”, “Más de todo” son canciones que no tuvieron mucha difusión ni eran el gran momento del vivo, pero para mí son hermosas.

– Y hablando del vivo, en este verano pudieron tocar en Córdoba un par de veces, ¿no?
– Sí, a fines de marzo, principios de abril. Cuando nos propusieron salir a tocar no queríamos salir en el mismo formato que tocábamos antes, porque la situación era otra. Gente sentada, sin poder pararse, sin poder cantar porque están con barbijo. Sentaditos, alejados. La situación iba a ser muy distinta. Entonces tampoco nos gustaba la idea de salir a hacer el mismo show con la gente en otra. Queríamos buscarle la vuelta y estas versiones nos dieron el pie. “Acá tenemos un show”, dijimos. Algo acústico, diferente, todos sentados, nosotros también. Así que al final los shows salieron en ese formato y la verdad que estuvo muy lindo.

– ¿Y ante cuánta gente?
– En Córdoba ciudad, 1100, una cosa así. Después fueron mucho más chiquitos. En Alta Gracia habrá habido 300 personas. Y en Río Cuarto también, algo chico.

– ¿Fueron los únicos shows en pandemia?
– Sí, porque es muy difícil, muy inviable hacer un show. Esperemos que cambie eso porque está muy difícil volver a tocar. Inviable económicamente, digo. Se hace complicado porque vos tenés que armar un show en un lugar para seis mil pero van mil. Es muy poco viable. Pero veremos. La pandemia nos enseñó a no tener todo tan programado ni con tanta anticipación. Ojalá que en el verano se puedan hacer shows al aire libre porque si esto se sigue alargando tanto se va a poner cada vez más complejo.

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