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‘La tragedia de Macbeth’: El sanguinario puñal de la ambición

En el primer acto de ‘Macbeth’, la emblemática tragedia de William Shakespeare, Banquo, señor de Lochaber y amigo fiel de lord Macbeth, tras la profecía dada por las tres brujas, recita una de las frases más recordadas de la pieza teatral: “Pero mira que a veces el demonio nos engaña con la verdad, y nos trae la perdición envuelta en dones que parecen inocentes”. Considerada una de las obras cumbre del célebre dramaturgo inglés, no han sido pocas las veces que esta parábola sobre la ambición desmedida es llevada al cine.

La tragedia de Macbeth

Ocho fueron las adaptaciones en el cine mudo, lo que demostró lo atractivo de la obra. Aunque han sido muchas las adaptaciones para la televisión, destacando especialmente las versiones de George Schaefer, Jack Gold, Béla Tarr o la animada de Nikolái Serebriakov; han sido las adaptaciones cinematográficas las más recordadas por el público, en especial las que hicieron cineastas de renombre como Orson Welles, Akira Kurosawa o Roman Polanski. Mención también a la inacabada de Laurence Olivier, que aspiraba a unirse a tales adaptaciones célebres.

Con lo cual, enfrentarse a un texto como ‘Macbeth’ es un empresa casi igual de ambiciosa que la de lord y lady Macbeth. Tras la versión de Justin Kurzel, el cual solo demostró que buscaba lograr puntos para dirigir ‘Assassin’s Creed‘ en lugar de realizar una adaptación para ser recordada, solo seis años después, Joel Coen se atreve a solas con su propia versión, la cual parece más bien un regreso a los orígenes, al tener una atmósfera que evoca al cine clásico y que lleva al público a un escenario semejante al de las adaptaciones de Welles y Kurosawa.

La tragedia de Macbeth

Una versión que evoca al cine de Welles, Kurosawa y Fritz Lang

La tragedia de Macbeth‘, título que llega a cines españoles de la mano de Versión Digital este miércoles 12 de enero antes de su lanzamiento en la plataforma Apple TV+ este viernes 14; muestra una especie de regreso a los orígenes de Joel Coen, quien salta por primera vez en solitario sin contar con su hermano Ethan, pues, aunque había dirigido en solitario hasta 2003 con ‘Crueldad intolerable‘, siempre había contado con su hermano en la elaboración del guion, que esta vez escribe a solas.

En este salto sin red, Coen realiza una espectacular e hipnótica propuesta cuya atmósfera es una manera de regresar a lo primario, pues ‘Macbeth’ es una espiral de ambición, intrigas, delirio y violencia, en la que Shakespeare ahondó en los instintos más básicos de la psique humana. Ese espíritu, el cineasta lo plasma a la perfección, con una puesta en escena que también busca evocar los inicios del cine, con su aspecto técnico, al estar rodada en 35 mm; con un diseño de producción que combina esa magia propia del teatro, el lugar de origen de la pieza, con una serie de secuencias que vuelven a recordar que se está ante una propuesta cinematográfica que no solo rinde tributo a versiones como la de Welles o Kurosawa, sino que rememora al cine de Fritz Lang.

La tragedia de Macbeth

Pero no hay que olvidar que pese a esos homenajes, Coen lo lleva a su propio territorio. El cineasta de Minnesota tiene experiencia en lo referente a clásicos, convirtió a George Clooney en un Ulises contemporáneo en ‘O Brother!‘ Por otro lado, ya realizó cine en blanco y negro con ‘El hombre que nunca estuvo allí‘ y supo narrar la ambición y la traición desde un enfoque crepuscular y trágico en ‘Sangre fácil‘ y ‘Muerte entre las flores‘. En cierta forma, su ‘Macbeth’ es una mirada austera y minimalista a sus inicios. Y eso lleva a una adaptación mucho más solemne y redonda que las últimas producidas, que logra ascender entre las versiones mejor elaboradas de la tragedia shakespeariana.

Y eso no es solo gracias a un apartado técnico exquisito, obra de la dirección de fotografía de Bruno Delbonnel; del diseño de vestuario de la figurinista Mary Zophres; o del apartado del diseño de producción con Stefan Dechant a la cabeza, con al dirección artística de Jason T. Clark y escenografía de Nancy Haigh. Lo que eleva también a ‘La tragedia de Macbeth’ es su apartado interpretativo. Denzel Washington parece haber nacido para ser lord Macbeth.

Denzel Washington y Frances McDormand encarnan el delirio de la codicia

Ducho en Shakespeare tanto en cine, estuvo en la versión de ‘Mucho ruido y pocas nueces‘ de Kenneth Branagh; como en teatro, al protagonizar ‘Ricardo III’, ser Marco Bruto en ‘Julio César’ y debutar en las tablas con ‘Coriolano’, Washington atrapa al espectador con su descenso a los infiernos, en cómo el ansia de poder termina consumiendo al que otrora fue héroe y cómo la ponzoña de la profecía lo erige como un tenebroso villano. A su lado, una espléndida Frances McDormand, la cual cumple su sueño de ser lady Macbeth en la gran pantalla, representando a la perfección cómo la ambición termina envolviéndola en una espeluznante pesadilla sin fin, en la que se renuncia a su propia naturaleza la convierte en esa piedra angular de la figura de la femme fatale.

La tragedia de Macbeth

Aunque estén rodeados de un inmenso reparto, con Brendan Gleeson, Corey Hawkins, Henry Melling, Alex Hassell y Bertie Carvel, solamente llega a arrebatarles protagonismo al tándem Washington-McDormand la actriz Kathryn Hunter, la cual encarna a las tres brujas, las cuales representan a la perfección el retrato visual del fluir corporal del puñal de la codicia, es ella la que convierte también a la versión de Coen en una de las más cercanas al espíritu original de la obra, la cual se sumerge en ella cual espiral de locura provocada por el veneno que se impregna al cometer el pecado capital del asesinato.

‘La tragedia de Macbeth’ es uno de trabajos más ambiciosos de Coen, una espléndida manera de ver al cineasta a solas. Se está ante una de las adaptaciones más despiadadas de la obra de Shakespeare, una majestuosa y cruel mirada que acierta en su retrato de la sangre, con un clima asfixiante que sabe imbuir al público en un relato clásico que aspira a ser una de las mejores versiones de la pieza teatral. Una deliciosa pesadilla cinematográfica que convierte el tormento en una experiencia placentera, la cual al cerrarse el telón, vuelve a recordar el poder de la magia del cine.

Nota: 9

Lo mejor: Su formidable dupla protagonista, su escenario crepuscular con aire teatral, su cuidado aspecto técnico que evoca cierto sabor añejo, una mirada autoral propia.

Lo peor: Su limitado estreno en cines recuerda que las plataformas aún no entienden que las películas de autor que buscan trascender no lograrán su cometido si se las aprisiona en esa pequeña pantalla llamada televisor.

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