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Feli Colina en la Usina | Santa Felicitas del Valle de Salta

La cantautora presentó su tercer disco en Salta, su terruño.

Los 16 de junio tienen una magia especial en Salta. Víspera de la muerte del general Martín Miguel de Güemes, el gauchaje (el popular y el aristocrático) se prepara para rendirle homenaje: la Guardia en las Estrellas en el Monumento que lo conmemora.

A sólo cuatro cuadras de este sitio y en la misma noche, Feli Colina presentó su último disco, El Valle Encantado, en la Usina Cultural. El planteo, más que una seguidilla de canciones (como cualquier otro recital) fue obra de cuatro actos, de música en circulación constante.

El primer acto arrancó con “Caballo” en forma de intro, para luego dar forma a un medley chacarerístico que empezó con “El valle encantado” (canción que abre el disco), y donde luego pasaron -entre otras- un fragmento de “Martes” y “Chakaymanta”, cerrando con “Chakatrunka”, el segundo corte de difusión del disco.

Después, a modo de entremés vino un clásico del Dúo Salteño, “Tristeza” (de los Hermanos Núñez), quizá algo de lo que nos perdimos en ese homenaje que Feli y Balta Oliver (tecladista e innegable DT de este equipo musical) no pudieron dar el año pasado.

El segundo acto arrancó en clave afrolatinoamericana, con un canto a Babalú Ayé (un Orisha importante en los diversos cultos de origen africano que en América se practican), pasando a “La entrega” y luego a “El orden sagrado”. Esta última canción vino cargada de una gran emocionalidad, cerrando la primera parte del show… lágrimas en el escenario y en las butacas.

El tercer acto fue en lo musical y vocal lo más denso y rico del show: “Osana” (cerrando en el último verso con un guiño al “Wayayay” de Los Kjarkas), “Madre”, “Ancora”, “La llave maestra” y un cierre con “Susurrito”, donde Feli y los varones de la banda dejaron el escenario para que Lola Cobach tomara la voz principal, Anita Margarita el piano junto al apoyo de coros y Conce Soares sostenga todo desde la percu.

Conce Soares en percusión, Lola Cobach y Anita Margarita en coros

Para no morirnos de literalidad, proponemos algunas coordenadas para leer esto último: ¿no les parece especial que Feli entregue el mayor hit de su carrera (casi cuatro millones de reproducciones en Spotify) a sus compañeras de banda, se retire y no lo cante ella? ¿Qué Balta entregue las teclas y esa batuta invisible que porta bajo su saco? Ahí, a reflexionar, algo para aprender.

Entre éste y el último acto, hubo otro entremés a cargo de Conce, canto y percusión, la negritud al palo. Hermosa.

El cuarto acto arrancó con un número musical de presentación de la banda, unx a unx sus integrantes y todo el staff que viene siendo parte de la gira, casi una arenga al grito de Infernales (que por cierto era el nombre de una sección de gran valía en el Ejército de Güemes). A partir de ahí, un cierre que se fue masticando lentamente, un despliegue de canciones propias, influencias y gestos que son casi un manifiesto.

¿Cómo convive en un mismo momento el “Carnavalito del Duende” con el “Gloria” (..a dios, en las alturas…) de La Misa Criolla? ¿Cómo se alaba al “Señor Rey Celestial” y se perrea gildescamente al ritmo de “Diabla”? En ese mix final, hereje, literalmente sacrílego, también sonaron “Aguatera” y el final llegó con “La Gracia Divina”, una sayita que se fue yendo con un telón cerrándose en rojo sangre. Fin, sin bises, 100% conceptual.

Sin que esto implique adherir a los rankings, y sin que haya terminado junio, podríamos pensar que hemos visto el show “del año”. Por lo musical, lo contextual y todo lo que este recital trajo.

Sin embargo, quedan unas preguntas en el aire: ¿Qué pasó que en el momento exacto donde Feli está dando el salto a las ligas mayores el público salteño no llenó las 300 butacas de la Usina? ¿Acaso el público que llenó la Casa de la Cultura en febrero 2021 (500 butacas) no empatiza con esta propuesta riquísima, experimental y menos hitera que la de Feroza? Por cierto, de ese disco sólo sonaron una canción y un fragmento de otra.

Ayer la banda dio todo (la base a cargo de Manusa y Pupu fue impecable y se amoldó a lo que la dinámica del espectáculo iba proponiendo), la puesta en escena fue de lo mejor que se vio desde la inauguración de la Usina (incluso sumando técnica propia en los controles), y sin embargo el calor de las butacas no fue el que este cronista esperaba. Poco para esta noche tan próxima al solsticio que invitaba a ser brasas.

Hace un tiempo charlábamos con Feli y nos contaba un poco sus deseos, hacia dónde quería ir en lo musical. Este disco era sólo una intención. Pudimos ver una sentencia ejecutada (en vivo).

Hay que celebrar esta demostración de prepotencia, de talento y de trabajo. Feli Colina y sus Infernales pusieron una vara altísima para la música popular, si no salteña, al menos de raíz local. Eso abre desafíos, para músicxs y público que ojalá estemos a la altura.

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